¿Pensamientos Positivos o Pensamiento Crítico?

Para una rama importante de la psicología solemos usar, como respuesta a muchas situaciones, “pensamientos automáticos”.
Éstos son formas de reacción reflejas que asaltan nuestro cerebro condicionando emociones y conductas, en general basadas en creencias sobre nosotros o el resto del mundo y que hemos incorporado a lo largo de la vida, en especial, en nuestros primeros años.

María acaba de salir de una tortuosa situación amorosa con la creencia de no ser “una mujer interesante” para los hombres.
Se encuentra en una fiesta charlando con Andrés, a quien le acaban de presentar y que durante el transcurso de la conversación nunca alcanza a mirarla a los ojos, mantenido la vista por encima de sus hombros hacia algún lugar distante de la habitación.
María despliega su pensamiento automático: “aburro a los hombres” y con una mezcla de tristeza y frustración abandona rápidamente la charla.
Andrés puede estar efectivamente desinteresado, puede intentar que María crea esto aunque no sea la realidad, quizás sea tímido y no pueda sostener una mirada a los ojos o quizás sea el inicio de un vínculo, como tantos otros, que deba trabajarse para que florezca; estas alternativas igualmente posibles fueron soslayadas por María en base a la puesta en juego de su “pensamiento automático”.
¡Tenés que tener una actitud más positiva! Le dice siempre su amiga; un consejo voluntarioso pero no muy práctico.

¿Cómo hacemos para hacerlo?
Seguramente no somos una máquina con capacidad de cambiar actitudes positivas a negativas con la facilidad con que prendemos o apagamos un velador presionando el interruptor. De hecho las actitudes siempre positivas de alguna manera podrían actuar como un pensamiento automático más, sesgando nuestra visión hacia aquellas dificultades que puedan hacer que algo no termine como queremos.
Quizás se trate más de hacer el esfuerzo para ampliar las perspectivas y en cada situación en la que podamos, considerar otras alternativas minimizando nuestras naturales tendencias a anular aquella información que no se corresponda con nuestro estado de ánimo y creencias. Ignorar la información que no coincide con nuestras creencias es algo que podemos aprender a cambiar, pero como todas las cosas importantes, requiere de tiempo y esfuerzo.

¡Este alumno es insufrible! ¡Otro sin límites en la casa! ¡No veo la hora de que terminen las clases! ¿Pensamiento real? ¿Pensamiento automático? No lo sabemos, pero quizás valga la pena el esfuerzo para salir de la duda. ¿Otro esfuerzo más? ¡Somos docentes! Sí, otro más; pero quizás dé sus frutos y paradójicamente, nos dé satisfacciones y nos aleje algo del desgaste profesional.