Claves para mejorar nuestra alimentación en la escuela

La salud y el trabajo docente van estrechamente unidos y se influyen mutuamente, la alimentación es parte fundamental de la rutina frente al aula. La adaptación de hábitos saludables en la alimentación diaria es uno de los factores más importante para un óptimo rendimiento escolar y reducir la fatiga que generan las extensas rutinas. El docente debe armonizar su consumo alimentario con su vida profesional, ya que la actividad física o intelectual repercute en sus requerimientos energéticos y nutritivos.
Muchas veces, la comodidad, la falta de tiempo o las propias condiciones de trabajo sustituyen a la calidad a la hora de comer.

Rendimiento físico e intelectual

Una persona mal alimentada encontrará dificultades para mejorar su calidad de vida, puesto que la capacidad de trabajo, directamente proporcional a la alimentación, irá descendiendo cuando ésta es deficiente y, en lo que a trabajo físico se refiere, puede llegar a disminuir hasta un 30% respecto al desarrollo normal.
Una alimentación monótona, repetitiva o en la que faltan alimentos indispensables para nuestro cuerpo puede dar lugar a la aparición de determinados síntomas tanto físicos; (cansancio excesivo, debilidad, falta de reflejos), como psíquicos (falta de interés por las cosas, irritabilidad), situaciones que mejoran mediante una alimentación adecuada.
A veces no nos damos cuenta de que no sólo el estrés, los problemas personales y la falta de sueño influyen sobre nuestro bienestar; deberíamos preguntarnos si estamos alimentando adecuadamente a nuestro cuerpo como para que éste funcione correctamente cada día.

Factores alimentarios que influyen en el trabajo y en el rendimiento:

  • Dietas hipocalóricas o bajas en calorías, reducen la capacidad de rendimiento y perjudican la salud.
  • Dietas desequilibradas en las que faltan alimentos básicos; a medio o largo plazo dan lugar a carencias nutritivas con efectos indeseables para el organismo.
  • Dietas hipercalóricas, conducen a sobrepeso y obesidad, lo que supone un sobre esfuerzo físico para la persona, que agrava o aumenta el riesgo de lesiones en el aparato locomotor (músculos, articulaciones, etc.) y el de desarrollar otros trastornos más o menos serios de la salud (alteraciones de los niveles de azúcar y grasas en sangre, hipertensión, etc.)
  • El número de comidas que se realiza en un día. Saltarse comidas o realizar sólo dos comidas al día, influye de forma negativa en el funcionamiento de nuestro organismo.
  • Reparto de la cantidad de alimentos por cada comida. Las comidas escasas o por el contrario muy copiosas, pueden producir bajadas de azúcar en sangre (hipoglucemias) o somnolencia y molestias digestivas respectivamente, perjudicando el rendimiento tanto físico como intelectual.

La alimentación y el trabajo docente

A través de diversos estudios se ha comprobado cómo mejora el rendimiento y el bienestar de los trabajadores que consumen dietas adecuadas a su situación personal y laboral: de alto valor calórico si se trata de trabajadores de fuerza y de moderado aporte de calorías en personas que realizan un trabajo de tipo intelectual con menor desgaste físico.
Aquellos docentes con rutina de trabajo sedentario (muchas horas frente a la computadora o sentado haciendo correcciones, reuniones extensas, etc.) deberán adaptar su dieta y consumo calórico a la misma. En cambio, en el caso de los docentes que tengan una mayor exigencia física en sus rutinas, deberán asegurarse de ingerir la suficiente cantidad de calorías para tener un rendimiento óptimo frente a la clase.
En ocasiones las rutinas laborales exigen comer fuera de la casa. En estos casos, conviene tener unos conocimientos básicos de alimentación, para poder escoger el menú más apropiado y saludable en cada caso, como así los mejores lugares para hacerlo.

Alimentación sana en el trabajo:

  • Siempre es preferible llevar la comida desde el hogar. Prepararla la noche anterior asegurándose de llevar una comida equilibrada. Se pueden incorporar distintos tipos de carnes magras, pollo, pavo, jamón, pescado, huevos, queso bajo en grasa, un yogur descremado y frutos secos.
  • Elegir alimentos ricos en proteínas y fibra. Muchas mujeres afirman pasar hambre todo el día mientras trabajan. Este tipo de alimentos ayudan a sentirse lleno y controlar los niveles de apetito para no pasarse el día picando.
  • Probar una fruta o vegetal nuevo cada semana. Si se elige lo mismo por rutina día tras día, puede acabar aburriendo. Las cosas nuevas pueden mantener tu interés en las comidas diarias.
  • Hidratación. Conviene tener agua a mano para mantenerse sano, también se puede optar por jugos naturales, infusiones naturales o alguna bebida reducida en azúcares.

Muchas veces durante dentro de los establecimientos se consiguen máquinas dispensadoras de gaseosas y papas fritas, kioscos que sólo tienen variedad de comida rápida y vendedores ambulantes que ofrecen productos salados, fritos y en ocasiones de dudosa procedencia. También es común ver en las salas o reuniones de docentes productos de panadería como bizcochos y facturas.
En cambio, existe una tendencia hacia la alimentación sana y natural, dado que el trabajo es el lugar en el que los adultos pasan aproximadamente un tercio de las horas del día y por esta razón es importante que los establecimientos educativos ofrezcan opciones para una mejor nutrición, tanto para alumnos como para docentes.

Existen casos a nivel mundial en los que se ha comprobado los beneficios de hacer un cambio de paradigma alimentario. Es el caso de los trabajadores de Glaxo Wellcome Manufacturing (GWM) en Singapur, que solicitaron una nueva cantina en la que se ofrecían alimentos más sanos. La compañía satisfizo su deseo, no sólo mejoro la apariencia de la cantina y ganó ésta en luminosidad y amplitud, sino que también se contrató a un especialista en dietética para que enseñara a los cocineros a elaborar platos mejores, probar nuevas formas de cocción, nuevos ingredientes, etc. Entre los cambios introducidos se destacan: buffet de ensaladas, más opciones de frutas y reducción de alimentos fritos.

¿Cuál fue el resultado? Desde 2000, los gastos médicos de GWM disminuyeron un 13% y, desde 2002, el absentismo anual medio se redujo prácticamente a la mitad, pasando de 3,7 a 1,9 días, lo que constituye un ejemplo que demuestra cómo las inversiones en nutrición pueden compensarse con ganancias en productividad.
Las comidas saludables, los horarios de almuerzo y descanso no deben considerarse un lujo sino que por el contrario, son fundamentales para el estado de ánimo, la salud, la seguridad y la eficacia de los docentes.