
La jornada laboral docente implica un uso intensivo de la voz, muchas veces en ambientes ruidosos, amplios y con la necesidad de sostener un volumen elevado. Con el tiempo, esta sobrecarga puede afectar la salud vocal e incrementar el riesgo de disfonías y lesiones en las cuerdas vocales.
La voz debe comprenderse como un fenómeno multidimensional que involucra la acción coordinada de diversos músculos. Su utilización en el ámbito laboral requiere, por lo tanto, una mirada integral que contemple tanto las condiciones como el medio ambiente de trabajo.
Factores como las jornadas extendidas o el desempeño en más de una institución no solo aumentan la exposición, sino que también reducen los tiempos de recuperación. En este contexto, pueden aparecer molestias que, con frecuencia, tienden a naturalizarse.
Una encuesta realizada por Sadop y Osdop indica que el 51 % de las y los docentes presenta con frecuencia disfonía, dolor de garganta, pérdida de la voz o dificultad para hablar. Si bien el 79 % asocia estos síntomas con su trabajo en el aula, el 82 % no utiliza la licencia correspondiente.
La sobrecarga en el uso de la voz es uno de los problemas de salud más habituales en la docencia y está reconocida como enfermedad profesional en la Ley N 24.557 de Riesgos del Trabajo.
Estos trastornos no solo afectan el desempeño en el aula, sino también la comunicación cotidiana y la calidad de vida. La naturalización de las molestias suele demorar la consulta y el acceso a un tratamiento oportuno.
En Argentina, la disfonía vinculada al trabajo docente cuenta con un protocolo específico que establece criterios de exposición y pautas de atención médica a cargo de la Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART).
Se considera que existe exposición cuando se superan las 18 horas cátedra o 13, 5 horas reloj semanales frente a alumnas y alumnos, sumando la carga laboral en uno o más establecimientos, tanto públicos como privados. Este encuadre permite acceder a la cobertura y a los circuitos formales de atención.
El cuidado de la voz forma parte de la salud laboral. Algunas medidas simples pueden ayudar a reducir el riesgo: evitar forzarla o elevar el tono de manera sostenida, mantener una hidratación adecuada y respetar momentos de descanso vocal.
Ante molestias persistentes, es fundamental realizar una consulta temprana. La detección oportuna favorece la recuperación y previene la aparición de lesiones más complejas. Para conocer el paso a paso del protocolo, podés consultar la siguiente cartilla.
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