
Desde hace algunas décadas, el mundo atraviesa un proceso de transición epidemiológica caracterizado por el aumento de enfermedades crónicas no transmisibles —como la diabetes tipo 2, la hipertensión o las enfermedades cardiovasculares— por sobre las enfermedades agudas, principalmente infecciosas. En este contexto, la Medicina del Estilo de Vida (MEV) surge como un enfoque terapéutico orientado a la prevención, el tratamiento y, en algunos casos, la reversión de estas patologías y de sus factores de riesgo.
La MEV propone poner el foco en los hábitos cotidianos como principal herramienta de intervención. El doctor Luis Abuin señala que la práctica médica suele recurrir prioritariamente a los tratamientos farmacológicos, en parte por la formación profesional, la falta de tiempo en la consulta y —en algunos casos— la presión de la industria. Frente a este escenario, destaca que la MEV prioriza “los cambios en el estilo de vida por sobre los tratamientos farmacológicos”.
El desarrollo de hábitos saludables permite actuar directamente sobre los factores de riesgo y, en determinadas situaciones, revertirlos. Según Abuin, las personas con hipertensión o diabetes pueden disminuir la carga farmacológica y, eventualmente, suspender la medicación, siempre bajo seguimiento médico.
Los principales pilares de la MEV son la actividad física regular, la alimentación saludable, la adecuada gestión del estrés, el descanso reparador y el fortalecimiento de los vínculos sociales. Desde este enfoque, se trabajan herramientas que ayudan a recuperar un equilibrio saludable y abordar problemáticas como la adicción al trabajo, el uso excesivo de redes sociales o el consumo problemático de tabaco, alcohol o drogas psicoactivas.
Los hábitos actuales condicionan las perspectivas a futuro y el proyecto de vida. En este sentido, Abuin propone el uso de registros gráficos —preferentemente manuales— como estrategia para observar con mayor claridad la conducta que se desea modificar. El registro favorece la toma de conciencia y comienza a influir sobre la conducta, como también sucede con los dispositivos que contabilizan la actividad física diaria y muestran cuán cerca o lejos se está del objetivo propuesto.
“Si bien el cerebro tiende a simplificar y repetir los caminos conocidos, también tiene la capacidad de generar nuevas rutas”, señala Abuin, y subraya la importancia de ser paciente y constante al intentar alternativas.
Cuando una conducta resulta difícil de modificar, el doctor recomienda comenzar por cambios más simples: “subir escaleras en lugar de usar ascensor, por ejemplo, suele ser más fácil que cambiar un patrón alimentario”. Estos pequeños logros fortalecen la confianza y el autocontrol, y facilitan cambios posteriores más complejos.
Otra estrategia propone acercarse al cambio de manera gradual, paso a paso, entendiendo que la modificación de un hábito requiere tiempo. Sin embargo, en el caso de conductas problemáticas, Abuin sugiere interrumpir la cadena de acciones que conduce al hábito sumando una actividad alternativa: “después de un día difícil, una rutina de café, cigarrillo, whisky y pantallas puede quebrarse si, al terminar la cena, la persona pasea al perro, sale a caminar o lee un libro antes de dormir”.
También resulta eficaz dificultar el acceso al consumo. En el caso del tabaquismo, por ejemplo, no tener cigarrillos en casa implica una serie de acciones —vestirse, salir, ir hasta el quiosco— que pueden frenar el impulso y permite reconsiderar el deseo. Algo similar ocurre con la alimentación: “tener opciones saludables disponibles y evitar la compra impulsiva favorece decisiones más conscientes”, señala Abuin.
Reconocer los beneficios que aparecen con el cambio —como sentirse mejor físicamente— fortalece la motivación y ayuda a sostener el proceso en el tiempo. “Si el pantalón queda más cómodo, se sigue cuidando la alimentación; si se recupera el verdadero sabor y olor de las comidas, disminuyen las ganas de encender un cigarrillo”, ejemplifica Abuin, y destaca que, si bien “cambiar un hábito es complejo, prestar atención a los logros resulta estimulante para reafirmar el camino”.
A su vez, el acompañamiento grupal incrementa las posibilidades de sostener el cambio. Abuin retoma una reflexión del psiquiatra Enrique Pichón-Rivière: “En tiempos de incertidumbre y desesperanza es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza de los otros”.
Participar en grupos de actividad física, alimentación saludable, meditación u otras prácticas permite compartir experiencias, reflexionar y sentirse acompañado durante el proceso.
La recaída forma parte de cualquier proceso de cambio. Abuin señala que “quienes dejan de fumar, en su mayoría, atravesaron varios intentos fallidos”, y remarca la importancia de comprender que la falla no está en la persona, sino en la estrategia utilizada.
Analizar el contexto, rescatar los aspectos positivos de la experiencia y reflexionar sobre lo que podría hacerse de manera diferente permite transformar la recaída en aprendizaje. “Retomar el camino con esa nueva información es parte del cambio de hábito”, explica Abuin, y destaca la importancia de ajustar las estrategias para fortalecer la autonomía y la capacidad de sostener la conducta a largo plazo.
Para definir metas claras y alcanzables, Abuin propone el modelo SMART, una sigla en inglés que refiere a objetivos específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con tiempo determinado. Este enfoque permite establecer metas concretas y desafiantes, alineadas con un propósito mayor. “Establecer objetivos con el modelo SMART facilita el seguimiento y aumenta la probabilidad de éxito”, concluye.
El año pasado, Osdop llevó a cabo un ciclo de talleres virtuales de MEV: Estrategias para promover los hábitos saludables, Cómo comer saludable en la vida real y Manejo del estrés.
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