
El aumento de las actividades al aire libre y la mayor intensidad del sol durante el verano incrementan la exposición a la radiación solar. Como consecuencia, las quemaduras solares siguen siendo una de las consultas más frecuentes en esta época del año y representan una agresión directa a la piel que no debe minimizarse.
Este tipo de quemaduras suelen manifestarse a las pocas horas de la exposición. Los síntomas más comunes incluyen enrojecimiento, sensación de calor, dolor y picazón en la piel. En los casos más severos pueden aparecer ampollas, lo que indica un mayor grado de daño cutáneo.
El riesgo de sufrir una quemadura solar no depende únicamente del tiempo de exposición, sino también de la sensibilidad de la piel. Existen distintos fototipos cutáneos, y los de mayor riesgo son el fototipo I y II, que corresponden a personas de piel muy clara, cabello rubio o pelirrojo y ojos claros. En estos casos, resulta fundamental el uso preventivo de filtros con un Factor de Protección Solar (FPS) elevado, idealmente 50 o más.
Ante la aparición de una quemadura solar es importante comenzar el tratamiento lo antes posible, incluso cuando las molestias sean leves. El primer paso consiste en lavar suavemente la zona afectada con agua fría —no helada— y jabón, con el objetivo de disminuir la temperatura de la piel y eliminar residuos como arena o sal. Se debe evitar que el agua caiga con presión directa sobre la lesión y lo aconsejable es no aplicar hielo ya que puede agravar el daño cutáneo.
Después del lavado, se recomienda hidratar la piel con abundante crema, de manera suave, sin perfumes ni fragancias, para ayudar a restaurar la barrera de la piel. En caso de aparición de ampollas, no deben abrirse bajo ninguna circunstancia. Si se rompen de forma accidental, se aconseja limpiar la zona y cubrirla con una gasa antiadherente.
Hasta la recuperación completa, es importante utilizar ropa holgada y cómoda que cubra el área afectada y evite el roce. Si hay dolor, pueden utilizarse analgésicos de uso común, siempre que no existan contraindicaciones médicas.
El tiempo de curación es variable, aunque en promedio ronda los siete días y suele acompañarse de descamación de la piel dañada. Cuando la superficie afectada es extensa, hay ampollas múltiples, dolor intenso o aparecen síntomas como fiebre o escalofríos, se recomienda realizar una consulta médica para evaluar tratamientos y cuidados adicionales.
Durante los meses de calor es fundamental contar con un botiquín adecuado ya que la radiación solar es la principal causa tanto de envejecimiento cutáneo prematuro como de cáncer de piel.
Debe ubicarse en un lugar fresco, seco, limpio y de fácil acceso, siempre fuera del alcance de niñas y niños. Los elementos deben mantenerse en buen estado, con control periódico de las fechas de vencimiento y reposición regular.
Un botiquín básico debe incluir jabón blanco para la limpieza de heridas, alcohol para la higiene de manos, un termómetro —evitando los de mercurio— y guantes descartables para proteger tanto a quien asiste como a la persona lesionada. También es importante contar con gasas y vendas para la limpieza de heridas y el control de sangrado, así como gasas antiadherentes para cubrir quemaduras hasta la consulta médica.
Entre los elementos indispensables se encuentran los antisépticos —como yodo povidona y agua oxigenada—, tijeras, cinta adhesiva y los medicamentos de uso habitual indicados por el médico. Las bolsas de frío instantáneo, el repelente de insectos y el protector solar también pueden formar parte del botiquín en verano.
Asesoría en Epidemiología de Osdop
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