Cuidar el corazón

Reconocer una emergencia cardiovascular es importante, pero cuidar el corazón empieza antes de que aparezca una urgencia. Conocer los factores de riesgo, realizar los controles indicados y sostener hábitos saludables son algunas de las herramientas que ayudan a prevenir las enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos. 

Cuando el cuerpo no da señales

Algunos factores de riesgo cardiovascular pueden avanzar durante años sin producir molestias. La persona puede sentirse bien y, sin embargo, tener alteraciones que aumentan la posibilidad de desarrollar una enfermedad cardiovascular. 

La hipertensión arterial es uno de los ejemplos más frecuentes. En la mayoría de los casos no provoca síntomas y la única manera de detectarla es medir la presión arterial. Cuando no se diagnostica ni se trata adecuadamente, puede aumentar la posibilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV), entre otras complicaciones. 

Algo similar puede ocurrir con el colesterol elevado y las alteraciones de la glucemia, que también pueden pasar inadvertidos durante mucho tiempo. Por eso, sentirse bien no siempre significa estar saludable.

Los controles de salud permiten detectar estas alteraciones y evaluar si es necesario tomar alguna medida. No todas las personas necesitan los mismos estudios ni hacerlos con la misma frecuencia: las indicaciones médicas dependen de las características, la edad y los antecedentes de cada persona.

Pequeños hábitos sostenidos en el tiempo

La prevención cardiovascular no se reduce a una única decisión ni exige cambiar toda la rutina de un día para el otro. Se trata, más bien, de incorporar hábitos que puedan mantenerse en el tiempo. 

  1. Moverse más

La actividad física regular beneficia directamente al corazón y también ayuda a prevenir o mejorar algunos de los factores de riesgo, como la hipertensión y el exceso de peso.

En las personas adultas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, como caminar a paso rápido, andar en bicicleta o nadar. También pueden realizarse 75 minutos de actividad intensa o una combinación equivalente de ambas. A esto se suman ejercicios para fortalecer los principales grupos musculares al menos dos días por semana.

Pero alcanzar esos tiempos no significa empezar con una rutina exigente. Para quien lleva una vida sedentaria, caminar más, moverse durante el día y pasar menos tiempo sentado representa un buen punto de partida. La OMS lo resume de una manera sencilla: algo de actividad física es mejor que ninguna.

  1. Comer variado también es cuidar el corazón

Una alimentación saludable no consiste en eliminar determinados alimentos, sino en mirar la dieta en su conjunto. Frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas sin sal, pescado, otras fuentes de proteínas y aceites vegetales pueden formar parte de un patrón de alimentación variado y equilibrado. 

Al mismo tiempo, conviene reducir el consumo de productos con azúcares agregados, grasas trans y exceso de grasas saturadas, además de fiambres, embutidos y otras carnes procesadas. También es recomendable moderar el consumo de carnes rojas y de alimentos ultraprocesados.

La cantidad de sal merece una consideración especial. Su consumo habitual puede favorecer el aumento de la presión arterial y, por eso, la OMS recomienda que las personas adultas consuman menos de 5 gramos de sal por día, equivalentes a menos de 2 gramos de sodio.

Alimentarse mejor y mantenerse físicamente activo también puede contribuir a alcanzar o mantener un peso saludable, previniendo o mejorando factores como la hipertensión y la diabetes. En este sentido, no siempre hay que pensar en grandes descensos de peso: cambios modestos y sostenidos también pueden beneficiar la salud cardiovascular.

  1. Moderar el alcohol y evitar el tabaco

Durante mucho tiempo, el vino fue asociado a ciertos beneficios para el corazón. Sin embargo, ninguna bebida alcohólica es necesaria para cuidar la salud cardiovascular. Reducir su consumo puede favorecer la presión arterial y el bienestar general, mientras que beber en exceso aumenta el riesgo de padecer distintos problemas de salud.

Por su parte, fumar provoca inflamación y favorece la formación de coágulos sanguíneos, lo que incrementa la posibilidad de sufrir un infarto. Evitar la exposición al humo del tabaco también es importante para proteger la salud. 

Para quienes fuman, buscar acompañamiento profesional puede facilitar el proceso y aumentar las posibilidades de dejar el hábito de manera definitiva.

Cuidar la salud cardiovascular no implica transformar todos los hábitos de un día para el otro. Los cambios pueden formar parte de un proceso gradual, con objetivos posibles de sostener en la vida cotidiana. La prevención se construye con decisiones que, mantenidas a lo largo del tiempo, pueden reducir el riesgo y contribuir mejorar la salud.

El tratamiento también es prevención

Cuando existe un diagnóstico de enfermedad cardiovascular o aparece un factor de riesgo, mantener bajo seguimiento también forma parte de la protección del corazón. 

Si el equipo de salud indica un tratamiento, es importante seguir las pautas y no suspender ni modificar la medicación por cuenta propia. Los controles periódicos permiten evaluar la evolución y realizar los ajustes que sean necesarios.

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Fuentes

Referencias

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